Prejuicios:: Los inspectores del Banco de España avisaron al Gobierno de la crisis en 2006 (II).

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9 mar. 2011

Los inspectores del Banco de España avisaron al Gobierno de la crisis en 2006 (II).

La última entrada de esta sección prometía retomar la cuestión suscitada por la nota informativa de los inspectores del Banco de España al Ministro de Economía y Hacienda. Mi sorpresa radicaba en que la noticia publicada en “El Mundo”, en  su versión on-line, sólo comentara que dicho documento era una prueba evidente de que el actual presidente del Gobierno estaba informado de las crisis que asomaba, y me resultaba más que chocante que no entrara a analizar o comentar otros elementos que para mí resultan esenciales. Hoy pretendo determinar esos hechos.

1.                            Cómo el presidente de una entidad llamada a regular y a evaluar las situaciones de riesgos desoye a los inspectores de la misma. No se trata de criticar la labor de este o aquel presidente, al menos no es esa la intención de ambas entradas, sino de comprender la parsimonia de las entidades facultadas y encargadas de evitar lo que a todas luces no se evitó; una crisis previsible y evitable. Nos referimos aquí,  evidentemente, a que si bien España se encontró sumergida en una crisis global originada en los Estados Unidos de América, está  respondía a una exacerbación de un modelo económico des-regularizador impulsado por la Administración Bush que minimizaba los sistemas de control que permitía, e incluso incentivaba, la elaboración de productos financieros fructíferos sólo a corto plazo y, en todo caso, poco consecuentes socialmente y  productivamente desde un punto de vista sostenible y coherente. Si bien, esta crisis de la especulación y del riesgo se engendraba lejos de aquí me parece, cuanto menos, interesante hacer hincapié en la responsabilidad y el papel que jugó las organizaciones reguladoras tanto en Norteamérica como en el resto de países.  Y es aquí que no comprendo que no se tome en consideración el hecho de que los propios inspectores del Banco de España hagan oír sus quejas sobres las avenencias con su Gobernador, Jaime Caruana, en cuanto que “además de obviar algunas de las principales causas de los desequilibrios actuales y de minimizar la importancia del riesgo latente en el sistema financiero español, ignora las previsibles consecuencias que para el sistema económico y para un número considerable de familias, podría tener una posible evolución adversa del entorno económico.  … ni todos los riesgos están tan controlados  como afirma el Gobernador, ni es probable que las consecuencias sean tal limitadas…”. Esta afirmación me parece tan sustanciosa para un debate que es insólito el titular que abre el artículo de “El Mundo” al que nos venimos refiriendo.
2.                            En el segundo párrafo del documento hacen mención a la “anómala evolución del mercado inmobiliario en España en los últimos seis años” y critican el análisis del Gobernador de la situación actual en cuanto, entre otras cosas obvia “la pasiva actitud de los órganos rectores del Banco de España ante el insostenible crecimiento del crédito bancario en España…”. En este mismo párrafo habla de la falta de voluntad demostrada por el Gobernador  para exigir a las entidades sometidas a la supervisón de dicho organismo el rigor necesario en la asunción de riegos exigibles a gestores de recursos ajenos. Y, el para mí trágico hecho, cuasi inevitable, de la contaminación de las malas praxis auspiciada por la supervivencia en un entorno competitivo. Es tan indignante, por obvio, lo que se está afirmando en dichas líneas, tan drásticas las consecuencias que han tenido y tienen para miles de familias y tan importante los puntos que se plantean que, no entiendo como dicha noticia sólo sirve como arma arrojadiza contra este o aquel político, sin servir más que de pretexto para decir lo que se quiere, casi sin entrar a opinar sobre el fondo, auque sea brevemente.1
3.                            La permisividad en la asunción de riesgos desorbitados e injustificados a la sazón de su transferencia de las consecuencias a la Sociedad en su conjunto, y el desmedido aumento del crédito bancario, asimétrico a los datos históricos de rentabilidad, destinado en su mayor parte a actividades inmobiliarias, y su consecuente efecto de asistir al exterior para financiar, entre otras, su inversión crediticia, son aspectos básicos que se denuncian en este documento y que, a toro pasado, cobran aun más importancia.  


En conclusión, considero que las demandas de los inspectores no hacen más que denunciar la falta regularización que ejerció el Banco de España, un asunto que debe llevarnos hoy tanto al asombro como a la indignación y a la protesta.
Bajo mi criterio, creo que es necesario, desde de un espectro más amplio, tener en cuenta que el origen de la crisis tanto Estadounidense como su extensión  mundial, no hace sino mostrar una enfermedad mal tratada, acallada por casi todos y que evidencia, sobre todo, la falta de volunta, la inadecuación, y la incapacidad para enfrentarse a una enfermedad que sí se conocía pero que no interesaba tratar. No es que se desconociera los síntomas (no ignoro el poder que  los intereses ejercen sobre los individuos para convencerlos de los que ellos mismos quieren creer), ni que no supieran tratarlos, sino que en el entorno que se había creado con la desregularización hacia casi imposible asumir las responsabilidades que se requerían. No digo que no hallan responsables, al contrario. Pero el mayor de todos ellos es un sistema que se ha creado con la ayuda de unos y los despropósitos de otros. Debe haber debates económicos, pero sobre todo es necesario abordar medidas y cuestiones políticas que impidan situaciones similares. No se trata de una crisis cíclica e inevitable, sino de una apuesta por una política económica capitalista determinada, insostenible e injusta, que desatiende la regularización y sociabiliza las pérdidas causadas por la especulación, los medios indecorosos de productividad a corto plazo y que deslegitima el papel de la banca en la sociedad real.
En todo caso, las opiniones pueden ser muy diversas, pero lo que debe ser indudable es que la cuestión y la importancia de la misma, llamada a colación por la demanda de los inspectores del Banco de España sobre como se estaba tratando la situación en España, debe instarnos a abrir un gran debate que escape de las manos del olvido que se ceba con los asuntos  incandescentes que el tiempo vuelve inocuo. No se trata de decir mira lo que hiciste este partido y mira lo que hizo otro. No se trata sólo de decir que Zapatero estaba avisado del asunto, sin entrar en la actuación de Jaime Caruana, o de defender a Zapatero porque se trata de una crisis mundial, como si ante esta no se hubieran podido tomar medidas  y como si en España no hubiera de antemano una burbuja inmobiliaria que estallaría por sí sola. Se trata de abordar la cuestión como un problema serio e importante donde deber cuestionarse muchas cosas, sobre todo desde el ámbito político. Es una crisis que como enuncia Joseph Stiglitz  ha sido creada por el hombre. Y cuyo estudio y tratamiento desaconseja partidismos fáciles que menosprecien el asunto y a los millones de victimas de las crisis.2





 Notas:

  1. Permítanme estas breves líneas a modo de desahogo para evitar lluvias peores.
  2. No pretendo ser demagogo, sino hacer notar mi entera indignación con la superficialidad con la que a veces se trata el asunto. Dicho periódico ha tratado el tema en diversas ocasiones por lo que sería injusto achacarle y exigirle a este artículo un rigor desmedido, pero con todo y sin entrar a juzgar más allá de lo dicho, he creído conveniente puntualizar mi opinión en este espacio he intentar expresarme mostrando los puntos a destacar objetivamente y mis evidentes opiniones, cargadas de la subjetividad correspondiente. Espero haber sabido separar en la medida de lo posible unas y otras.

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